El hedor a humedad y a azufre, el frío del agua putrefacta, y la oscuridad casi absoluta envolvían a Elena y Lucas mientras se adentraban en el pasadizo subterráneo de "El Dragón". El gemido ocasional de Leonel, que aún colgaba entre ellos, era un recordatorio constante de su precaria situación. El eco de los disparos y el rugido del fuego en los astilleros se desvanecían, reemplazados por el sonido lúgubre del agua goteando y el arrastre de sus propios pasos.
—Mantente cerca —la voz de Lucas,