El aire en el "Esqueleto del Gigante" se hizo más denso, cargado con la expectativa de la llegada del diablo. Lucas, oculto en su hueco en la pared, sentía el pulso de la impotencia mientras observaba a Leonel, atado a la viga, su cuerpo flácido. Elena, aferrada a Ramiro, apenas respiraba, sus ojos fijos en la puerta principal del vasto espacio. El hombre del cigarrillo, Igor, parecía tensarse, sus hombres se dispersaban, formando una línea de bienvenida.
Un rugido de motor, potente y cercano,