El grito de Elena resonó en el "Esqueleto del Gigante", cortando la risa cruel de Francesco Russo. Los matones de Igor, como perros de presa, se lanzaron hacia el escondite de Ramiro y Elena. El metal oxidado chirrió bajo sus botas, y la luz tenue se vio interrumpida por sus sombras amenazantes. Lucas, atado a la columna, la mirada fija en Elena, luchaba desesperadamente contra sus ataduras, un rugido de impotencia escapando de sus labios.
Ramiro, con una velocidad sorprendente para su edad, em