Mundo ficciónIniciar sesiónEl rugido de las llamas que lamían los barriles de combustible y el incesante tableteo de los disparos creaban una sinfonía infernal en el almacén. Elena, acorralada detrás de una pila de sacos, podía escuchar las botas de Oleg y sus hombres acercándose. El hedor a pólvora y a combustible quemado le llenaba los pulmones, y el calor de las llamas era un recordatorio constante de su inminente peligro.
—¡No tienes dónde esconderte, rata! —la voz de Oleg resonó, más cercana, teñida






