El rugido del fuego consumiendo el almacén de los Russo quedaba atrás, una hoguera infernal que iluminaba el cielo nocturno sobre el puerto de Londres. Elena, Lucas y Ramiro se movían entre la neblina que se aferraba a los callejones, el olor a humo y a pólvora persistiendo en el aire. La adrenalina aún corría por las venas de Elena, una mezcla de terror y euforia por haber escapado. Lucas, aunque cojeaba visiblemente y su rostro estaba pálido, mantenía una concentración férrea, sus ojos escudr