El estruendo de la explosión seguía resonando en los oídos de Elena, un zumbido agudo que se mezclaba con el latido frenético de su corazón. La mano de Lucas aún aferraba su brazo, un ancla en el caos. El olor acre a pólvora y cristal roto llenaba sus fosas nasales, una advertencia brutal de la realidad en la que se encontraba.
-¿Puedes moverte? -la voz de Lucas era un susurro gutural, apenas audible sobre el viento que silbaba por la ventana destrozada.
Elena asintió, su garganta seca. Sus ojo