Capítulo 15 Oficial

Regresaron al penthouse a las 01:47 de la madrugada. Lupita ya estaba dormida, y Rosa se había retirado a su habitación. El silencio del lugar era casi sagrado.

Mateo cerró la puerta principal y se giró hacia Sofía. Tenía los nudillos raspados, una mancha de sangre seca en la camisa, y los ojos oscuros de todo lo que había pasado esa noche. Pero cuando la miró, su expresión se suavizó.

—Ven aquí —le dijo, voz ronca.

Sofía se acercó. Él la abrazó fuerte, la cara enterrada en su cabello, respirando como si necesitara recordarse que ella estaba allí, viva, suya.

—Terminó —susurró contra su cuello—. Por ahora… terminó. Javier está en una celda. No va a volver a acercarse a ti ni a Lupita.

Sofía lo abrazó igual de fuerte.

—Gracias —respondió, voz quebrada—. Por todo. Por no matarlo. Por dejarme estar allí. Por elegirme.

Mateo se apartó lo suficiente para mirarla a los ojos. Le tomó la cara con ambas manos.

—No tienes que agradecerme nada —le dijo—. Porque desde el primer momento que te vi con esa máscara roja en Polanco, ya eras mía. Y yo… —tragó saliva— yo ya era tuyo. Solo que no lo sabía todavía.

La besó. Fue un beso lento, profundo, lleno de todo lo que habían vivido en las últimas semanas. La levantó y la llevó a la habitación, cerrando la puerta con el pie.

Esta vez no hubo prisa. No hubo crudeza. Solo ellos dos, la luz tenue de la lámpara de noche, y la necesidad de sentir que seguían vivos.

Mateo la desnudó con cuidado, besando cada centímetro de piel que iba descubriendo. Le hizo el amor despacio, mirándola a los ojos, susurrando su nombre entre embestida y embestida:

—Sofía…  

—Mi Sofía…  

—Te amo.

Ella se corrió llorando de placer y emoción, y Mateo la siguió, gruñendo contra su boca mientras se vaciaba dentro de ella. Se quedaron unidos un largo rato, respirando el mismo aire, las frentes pegadas.

Luego Mateo se apartó con cuidado, la limpió, le dio agua y la abrazó contra su pecho, cubriéndola completamente con su cuerpo.

—Quiero que sea oficial —dijo después de un rato, voz baja pero clara.

Sofía levantó la vista.

—¿Qué?

—Quiero que seas mi novia —continuó él, mirándola a los ojos—. No en secreto. No solo en la cama o en la oficina. Quiero que todo el mundo lo sepa. Quiero presentarte como mi novia. Quiero que Lupita sepa que tienes a alguien que te protege. Quiero que mi familia sepa que elegí. Quiero… todo.

Sofía sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas. Sonrió, un poco temblorosa.

—¿Estás pidiéndomelo en serio?

Mateo sonrió también. Fue una sonrisa rara en él: suave, casi tímida.

—Estoy pidiéndotelo en serio. ¿Quieres ser mi novia, Sofía Mendoza?

Ella rio entre lágrimas y lo besó.

—Sí —respondió contra sus labios—. Sí, quiero ser tu novia. Oficialmente. Para siempre.

Mateo la besó otra vez, esta vez con una alegría que se sentía casi infantil. La abrazó fuerte, la hizo rodar encima de él y la besó hasta que ambos se quedaron sin aliento.

—Entonces mañana —le susurró contra su cabello— vamos a comprar anillos. No de compromiso todavía… pero sí de promesa. Para que todo el mundo sepa que eres mía y yo soy tuyo.

Sofía rio, escondiendo la cara en su cuello.

—Eres un romántico peligroso, Mateo León.

—Y tú eres la única persona que puede volverme así —respondió él, besándole la coronilla.

Se quedaron abrazados en silencio un largo rato. Fuera, la ciudad dormía. Dentro, por primera vez en mucho tiempo, Sofía sintió que el miedo ya no era lo más grande.

Lo más grande era la certeza de que este hombre, este CEO frío y peligroso, la había elegido.

Y ella, por fin, lo había elegido de vuelta.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP