Regresaron al penthouse a las 01:47 de la madrugada. Lupita ya estaba dormida, y Rosa se había retirado a su habitación. El silencio del lugar era casi sagrado.
Mateo cerró la puerta principal y se giró hacia Sofía. Tenía los nudillos raspados, una mancha de sangre seca en la camisa, y los ojos oscuros de todo lo que había pasado esa noche. Pero cuando la miró, su expresión se suavizó.
—Ven aquí —le dijo, voz ronca.
Sofía se acercó. Él la abrazó fuerte, la cara enterrada en su cabello, respiran