Mundo ficciónIniciar sesión"En el mundo del chocolate más fino, el ingrediente más amargo es la traición". Romy Villalobos tiene veinte años y un corazón que no cabe en los estándares de la alta sociedad de San Valente. Heredera de un imperio cacaotero, regresa a casa esperando el abrazo de su familia, pero solo encuentra el desprecio de una tía implacable y las burlas de un círculo social que solo valora la talla cero. Sin embargo, hay alguien que la mira de forma diferente. Apolo, su primo de crianza y el hombre que domina sus sueños más prohibidos, se debate entre el deber familiar y la chispa eléctrica que surge cada vez que sus manos se rozan. Él es el heredero perfecto; ella, la "gorda" que todos prefieren ignorar. Pero entre ellos arde un deseo que desafía los apellidos y las apariencias. Una noche de fuego y cenizas lo cambiará todo. Tras una humillación pública y una traición que casi le cuesta la vida, Romy desaparece. El mundo la da por muerta, y Apolo queda condenado a una vida de sombras y remordimientos. Tres años después, una misteriosa y poderosa inversionista llega a San Valente. Se hace llamar Victoria, posee una belleza letal y una seguridad que pone de rodillas a la junta directiva de los Villalobos. Ha vuelto para recuperar su legado y destruir a quienes la pisotearon. Apolo quedará hechizado por esta nueva mujer, sin sospechar que detrás de esa mirada de acero se esconde la joven dulce que juró amar por siempre. ¿Podrá el amor reconocer la esencia de una persona cuando el cuerpo ha cambiado? ¿Será el deseo de venganza más fuerte que la pasión que aún los une? "Ella volvió por justicia... pero terminará atrapada en el peso de su propio corazón".
Leer másLa fábrica de "El Deleite" era el único lugar en San Valente donde yo sentía que el apellido Villalobos significaba algo más que cenas estiradas y críticas de pasillo. Aquí, entre el ruido de las máquinas de refinado y el calor húmedo de las conchas donde se templaba el chocolate, yo era feliz. O al menos, lo era hasta que escuché el sonido de unos zapatos italianos golpeando el suelo de concreto con una precisión exasperante.No necesitaba voltear. Ese olor a sándalo y autoridad solo podía pertenecer a una persona.—La zona de producción está restringida para el personal que no tiene un propósito operativo, Romy. Y no creo que tu propósito sea comerte las muestras de control de calidad.Me giré lentamente, sosteniendo una espátula de acero como si fuera un cetro. Apolo estaba allí, con la camisa impecablemente planchada (a diferencia de la que arruiné en la piscina) y una expresión que gritaba que era el dueño del mundo.—Para tu información, "querido primo", estoy revisando los nive
La fuerza del choque, sumada a mi impulso y al hecho de que el suelo alrededor de la piscina estaba recién encerado, creó el desastre perfecto. Mis pies resbalaron, mis manos buscaron de dónde agarrarse y lo único que encontraron fueron las solapas de la camisa de Apolo. Lo arrastré conmigo en una caída en cámara lenta.¡SPLASH!El agua fría de la piscina nos tragó a ambos. El impacto me dejó sin aire por un segundo. Manoteé desesperada hasta que mi cabeza salió a la superficie, tosiendo y tratando de quitarme el cabello de la cara.A un metro de mí, Apolo emergió como un monstruo marino furioso. Su cabello perfecto ahora goteaba sobre su cara, y su camisa blanca, completamente empapada, se pegaba a su cuerpo revelando cada músculo de su torso. Si no estuviera tan asustada, habría sido una visión impresionante.—¿Estás loca? —rugió Apolo, escupiendo agua—. ¡Casi me rompes las costillas! ¡Mira cómo has dejado mi camisa!—¡Tus perros! —grité yo, tratando de mantenerme a flote mientras m
El aire de la tarde en San Valente era pesado, cargado con el aroma dulzón del cacao fermentado y la humedad de la selva cercana. Luciano y yo caminábamos por los senderos de piedra del jardín trasero, lejos de los ojos de águila de Agatha y de la presencia gélida de Apolo. A lo lejos, podía escuchar los gritos de mi tía Titi, que seguía en mi habitación peleándose con las cortinas negras que Agatha había ordenado colgar.—¡Romy, por el amor de Dios, este cuarto parece la cueva de Batman! ¡Necesito fucsia, necesito vida! —gritaba desde la ventana del segundo piso, sacudiendo un pañuelo.Sonreí de lado, pero la sonrisa no llegó a mis ojos. Luciano se detuvo cerca de la fuente de los querubines de mármol y se giró hacia mí, con las manos apoyadas en el cinturón de su uniforme.—Romy, hablo en serio —dijo con esa voz grave que siempre me transmitía calma—. Vámonos de aquí. Mi madre tiene espacio en la pensión, sabes que te adora. No tienes por qué aguantar los desplantes de Agatha ni las
El aire en el salón principal de la hacienda "El Deleite" era tan denso que se podía cortar con un cuchillo de cocina. El rechazo de Apolo todavía vibraba en mis oídos, una frecuencia sorda que me hacía doler los dientes. Traté de recomponerme, de alisar mi vestido negro y recordar que yo también era una Villalobos, aunque nadie en esta casa pareciera recordarlo.Fue entonces cuando la vi.Bajaba las escaleras del brazo de Agatha, moviéndose con una gracia felina que parecía coreografiada. Era alta, de una delgadez que desafiaba la gravedad y con una melena rubia platino que brillaba bajo las lámparas de cristal. Si Agatha era el hielo, esta mujer era el vacío absoluto.—Romy, querida, deja de mirar al vacío y ven a saludar —ordenó Agatha con su tono de general—. Ella es Fabiana de la Torre. La prometida de Apolo.El mundo se detuvo. Prometida. La palabra golpeó mi pecho como un mazo. Apolo no solo me había olvidado; me había reemplazado con la antítesis de todo lo que yo era.Fabiana
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