Mundo ficciónIniciar sesiónEl apartamento de Elena en Roma era un lugar anónimo, funcional, diseñado para el olvido, pero aun así, el olvido era imposible. En el centro de la sala, bajo una luz mortecina que filtraba el esmog de la capital, Darío ardía por dentro.
Había pasado la última hora leyendo y releyendo un documento en particular, el certidficado de nacimieto, mientras la verdad era una daga clavada en su médula, Stefano Greco era su padre. No Massimo Ferraro.
Y el hombre que había jurado destruir, que había secuestrado a Marco, que había matado a su hermano, a su padre y había acabado con su vida, que tenía cautiva a Luciana, era el origen de su propia vida.
« ¡Las ironías del destino no tienen límites! », él pensó.
Elena estaba sentada en un sofá gastado, observándolo con una mezcla de piedad y terror, él, sin embargo, se sentía extrañamente aliviado por la revelación de que él no era medio hermano de Luciana, y en cuanto a Elena y a el fallecido Luca, nunca nadie podría







