Mundo ficciónIniciar sesiónEl apartamento de Elena en Roma era un lugar anónimo, funcional, diseñado para el olvido, pero aun así, el olvido era imposible. En el centro de la sala, bajo una luz mortecina que filtraba el esmog de la capital, Darío ardía por dentro.
Había pasado la última hora leyendo y releyendo un documento en particular, el certidficado de nacimieto, mientras la verdad era una daga clavada en su médula, Stefano Greco era su padre. No Massimo Ferraro.
Y el hombre que había jurado destruir







