El tic tac del reloj en la pared de la sala en donde estaba de Elena era la banda sonora de la tortura, después de recibir la alerta sobre el regreso anticipado de Visconti, Marco y Elena se habían quedado inmóviles.
Marco estaba apoyado en la puerta, con la mano posada sobre la empuñadura de su ar*ma y la mirada clavada en el vacío, intentando calcular las matemáticas imposibles de la supervivencia.
Elena, sentada, mantenía la mano de Marco, ofreciéndole esa extraña quietud que solo una fe ci