El refugio de la Curia se sentía extrañamente silencioso. La ausencia de Visconti, quien había partido apresuradamente hacia el sur persiguiendo la pista falsa orquestada por Darío, había dejado un hueco en la vigilancia, un pequeño espacio de tiempo para Marco y Elena.
Marco había aprovechado el relevo de la guardia para realizar su ronda, y había traído consigo un té que se las había ingeniado para hacer fuerte y caliente, y un trozo de pan que guardaba aún el calor residual de un horno, un l