La mandíbula de Luciana cayó al suelo, al escuchar las burlas del mafioso.
— ¿Qué?
Dario se la quedó mirando con cara de sorpresa.
— ¡No puede ser! ¿Es en serio? ¿No lo sabias? — Casi gritó muerto de la risa.
A Luciana le hirió en lo profundo la burla a lo que ella apenas estaba descubriendo.
— Es en serio. No lo sabías, no puede ser, no te habías dado cuenta de que ese idiota te ama.
Luciana caminó un par de pasos lejos de él plantando la vista en la ladera de olivos que se veía por la ventana