Dario, Leo, Sofi y la Doctora Rossi se habían desvanecido por la abertura oculta detrás de la chimenea en el acceso a las antiguas mazmorras. Luciana se quedó en el gran salón, vestida para la farsa.
Tenía el cabello revuelto y el rostro marcado por la tensión. Se giró para ver su aspecto en el reflejo del espejo que colgaba de la pared.
— ¡Carajo! No parezco salida de una lucha, necesito que esto sea creíble — se dijo rasgando un poco su blusa y buscando algo con lo que ocasionarse un par de