En otra parte de Londres, Dante, observaba la ciudad desde la ventana panorámica de un edificio alto en Canary Wharf, las luces de Londres parpadeando como estrellas caídas en la niebla. Vestido con un traje impecable, parecía parte del paisaje urbano, frío, controlado, inalcanzable… Dante había vuelto a su segunda zona principal.
Su asistente, una mujer eficiente de mediana edad, le entregó un móvil que no está registrado en ningún Sistema.
— Lo recibió. Confirmado por el mensajero, abrió la caja hace diez minutos.
Dante asintió apenas, sin apartar la vista de la ciudad.
— ¿Y los hombres del viejo Moretti?...
— Siguen a distancia. Vigilando a Valentina y al chico, pero no intervinieron en la entrega… Ellos ya están aquí, señor.
Un silencio pesado llenó la habitación. La asistente dudó un momento antes de preguntar:
— ¿Cree que confiará en usted después de esto, señor?, usted sabe que Valentina ya no es una persona fácil como usted piensa… creo que ya se lo mencionaron anterio