Valentina salió del trabajo, no cansada, con ánimo de seguir trabajando, pero, debía volver con Matteo temprano. Las calles de Londres vibraban de vida, taxis negros, peatones apresurados, el olor del aire mezclado con el humo de los cafés y algunos restaurantes cercanos. Todo era tan reconfortante que le hacía olvidar cualquier otra cosa o cualquier mal momento.
Mientras caminaba hacia el estacionamiento subterráneo, notó algo que le erizó la piel.
Un reflejo en el vidrio de una vitrina.
Un ab