Venecia los recibió con un amanecer brumoso y tranquilo. El agua del Gran Canal parecía mercurio líquido bajo la luz pálida, y las góndolas balanceaban suavemente como cunas olvidadas.
Habían llegado en tren desde Florencia al amanecer, con maletas ligeras y el sabor del gelato de la noche anterior todavía en la boca.
El apartamento que Dante había reservado era un palazzo antiguo en Cannaregio, los techos altos con frescos desvaídos, ventanas que daban directamente al canal, y un balcón dimi