Mundo ficciónIniciar sesiónEl amanecer nunca llegó.
Las hogueras improvisadas en las murallas apenas lograban empujar la oscuridad, y la luna carmesí aún se aferraba al cielo como un ojo vigilante, como si se negara a ceder su lugar al sol. Los heridos descansaban sobre camillas improvisadas, algunos envueltos en mantas empapadas, otros cubiertos con telas negras que indicaban un silencio irreversible.
Amara, de pie en lo alto de la muralla, observaba el horizonte. El re







