Con un movimiento rápido, impositivo y felino, me guió por un pasillo lateral oculto tras unas enormes columnas de mármol. Nos adentramos en una pequeña biblioteca privada en penumbra que olía a libros viejos, cuero y madera costosa.
Cerró la puerta de madera oscura de un golpe a nuestras espaldas, aislando por completo el ruido del exterior. Me atrapó entre su cuerpo atlético y la pared. El espacio era tan reducido que podía sentir el calor abrasador que emanaba de su pecho bajo el traje azul