Mundo ficciónIniciar sesiónYoon Chae-yeong no es solo la joven heredera de un imperio; es una mujer brillante, elegante e inflexible que aprendió a sobrevivir en un mundo dominado por hombres. Como presidenta de la Corporación Yoon, lleva sobre sus hombros el peso de honrar la memoria de su padre y defender la codiciada "Zona B" del puerto de Busan, la joya logística que todos quieren arrebatarle. Sin embargo, acorralada por la traición de su propia familia y las conspiraciones corporativas que amenazan con destruirla, Chae-yeong se ve obligada a tomar una decisión tan audaz como peligrosa: sellar un matrimonio por contrato con un enigmático hombre que se presenta como su simple chofer y escolta privado. Lo que Chae-yeong ignora es que tras la postura sobria y la disciplina letal de "Nikolai Petrov" se oculta Kang Min-seok: el temido y poderoso magnate del Consorcio Kang, el gigante financiero que mueve los hilos del comercio en todo el Pacífico. Lo que inicia como una alianza táctica de conveniencia para blindar el puerto y aplastar a sus enemigos, pronto se transforma en un electrizante juego de lealtad, poder y una atracción inevitable. En medio del juego político de Busan, la implacable presidenta y el rey del submundo marítimo le demostrarán al mundo financiero que el imperio no se hereda... se gobierna a fuego y acero.
Leer másEl olor a salitre, humedad y metal oxidado impregnaba el aire de la Zona B del puerto de Busan. Yoon Chae-yeong respiraba con dificultad, sintiendo el sabor metálico de la sangre en su boca. Tenía la espalda apoyada contra un contenedor de carga frío, acorralada en un punto ciego donde las cámaras de seguridad misteriosamente habían dejado de funcionar media hora atrás.
Frente a ella, iluminado apenas por la luz tenue de un farol distante, su primo Han Seung-hyun ajustaba con parsimonia los puños de su saco de diseñador.
—Chae-yeong, prima querida, de verdad me duele verte así —dijo Seung-hyun con una sonrisa narcisista que no le llegaba a los ojos—. Pero entiéndelo: la junta directiva de la corporación no puede estar en manos de una mujer emocional. Mucho menos cuando estás... digamos, "médicamente incapacitada" para ejercer el cargo.
—Fuiste tú... —susurró Chae-yeong, intentando ponerse en pie, pero un dolor agudo en el costado la hizo hincarse de nuevo sobre el asfalto sucio—. La familia de mi madre... ustedes mataron a mi padre.
—Tu padre era un hueso duro de roer, igual que tú. No entendía cómo funciona el verdadero negocio —Seung-hyun hizo un gesto sutil a los dos matones que lo flanqueaban—. Déjenla lo suficientemente mal para que pase los próximos seis meses en una cama de hospital. Cuando despierte, las acciones de la terminal ya habrán cambiado de dueño.
Los dos hombres avanzaron. Chae-yeong apretó los puños contra el suelo frío, negándose a suplicar. Si este era su fin, los miraría fijamente a los ojos.
Entonces, la tierra tembló.
Un estruendo gutural, el rugido diésel de un motor pesado de dieciocho ruedas, retumbó entre los pasillos de contenedores. En un milisegundo, dos faros de luz blanca y cegadora cortaron la oscuridad, bañando de lleno la escena. El silbido ensordecedor de los frenos de aire hizo eco en las paredes de chapa.
—¡¿Qué demonios?! —exclamó Seung-hyun, cubriéndose los ojos con el brazo.
El camión no se detuvo hasta quedar a escasos metros. Los guardias contratados entraron en pánico inmediato.
—¡Jefe, es un convoy de logística nocturna! Si la seguridad de la terminal principal viene detrás de ellos, nos van a identificar —dijo uno de los matones con la voz quebrada por el miedo.
—¡Maldita sea! —maldijo Seung-hyun, mirando a Chae-yeong tirada en el suelo y luego al camión masivo—. Vámonos. Ya no puede hacer nada esta noche. ¡Muévanse!
Los tres hombres se desvanecieron en la penumbra como ratas asustadas.
El motor del camión finalmente se apagó, dejando solo el chasquido del metal caliente enfriándose en la noche. La puerta del conductor se abrió con un sonido pesado.
Nikolai bajó de la cabina. Vestía unos jeans oscuros, una chaqueta de cuero desgastada y botas de trabajo, pero la forma en que se movía delataba algo diferente: la postura erguida y la mirada calculadora de alguien acostumbrado a dar órdenes en la sombra. Él solo estaba allí para supervisar personalmente un cargamento confidencial que requería discreción absoluta; jamás esperó encontrar un ajuste de cuentas en medio de su ruta.
Avanzó entre la niebla nocturna hasta que sus pasos se detuvieron justo frente a la figura tendida en el asfalto.
Chae-yeong, con la visión borrosa por el dolor, solo alcanzó a ver la silueta imponente de un hombre alto, de hombros anchos y aura peligrosa. Él se agachó a su altura. Cuando las luces auxiliares le dieron de lleno en el rostro a la chica, Nikolai se petrificó por una fracción de segundo. La reconoció al instante: Yoon Chae-yeong, la prodigio de la logística corporativa... y la nieta de la matriarca que controlaba la reputación del puerto.
—Vaya forma de terminar el turno —murmuró Nikolai en un coreano fluido con una ligera cadencia casi imperceptible.
Chae-yeong, usando la poca fuerza que le quedaba, le sujetó la manga de la chaqueta de cuero. La rabia en sus ojos sofocó el dolor de sus heridas.
—Cásate... conmigo... —articuló ella con voz rasposa pero firme—. Te daré el control de este puerto... Solo ayúdame a destruirlos.
Antes de que Nikolai pudiera responder a semejante locura, la mano de Chae-yeong cedió y la joven cayó inconsciente sobre el regazo del supuesto chofer.
Nikolai suspiró, pasándose una mano por el cabello.
—Lo que me faltaba. Una heredera moribunda con delirios de venganza.
Tres horas después, en el área de emergencias del Hospital Universitario de Busan, las luces de neón parpadeaban con un zumbido molesto. Nikolai estaba de pie junto a la barra del pasillo, sosteniendo un vaso de plástico con café pésimo, esperando que los médicos terminaran de revisar a la chica.
—¡Ay, Dios mío! ¡Mi muchachita!
Una voz firme pero teatral resonó en el pasillo. La anciana Park Kang-ja, la abuela paterna de Chae-yeong, avanzaba a pasos agigantados. Pese a sus más de setenta años, la mujer irradiaba la autoridad implacable de quien levantó un imperio desde la nada, vistiendo un hanbok elegante pero funcional.
Detrás de ella venía un hombre de traje oscuro cargando un maletín: su abogado de absoluta confianza.
—¿Usted es el muchacho que la trajo en ese camión gigante? —preguntó la abuela, deteniéndose frente a Nikolai y midiéndolo de arriba abajo con una mirada clínica. Vio la estatura, la espalda ancha, el rostro de rasgos marcados y la postura invulnerable. Un tipo duro, fuerte, con pinta de peligroso, pensó la anciana para sus adentros. Justo el escudo que necesita mi nieta para frenar a las hienas de su familia materna.
Chae-yeong sostuvo la mirada durante unos segundos, sintiendo una extraña electricidad recorriéndole la columna. Había algo en la compostura de ese hombre que infundía un respeto casi instintivo. Suspiró y volvió a recostarse contra el asiento.—Está bien. Guardaré mis preguntas... por ahora.Al llegar a la mansión, la casa estaba sumida en la oscuridad, salvo por la tenue luz del recibidor. Subieron en silencio hacia la habitación principal para no despertar a la abuela ni al personal de servicio.Una vez adentro, Nikolai cerró la puerta con llave y se quitó la chaqueta de cuero, tirándola sobre el sofá de terciopelo. Chae-yeong se sentó en la peinadora, quitándose el cabestrillo con cuidado y soltando un leve quejido por la presión en su hombro herido.—Déjame ayudarte con eso —dijo Nikolai, acercándose tras escucharla.—Puedo sola...—No seas terca —interrumpió él con suavidad pero con firmeza.Se agachó a su lado y tomó las tiras de tela del cabestrillo. Sus manos, grandes y llena
Chae-yeong se petrificó, escondiendo el teléfono tras su espalda. Nikolai, por su parte, se mantuvo firme, mirando fijamente a su subordinado directo.Do-jin abrió la boca para gritar pidiendo a la seguridad armada, pero cuando sus ojos enfocaron el rostro del "intruso" bajo la tenue luz de la oficina, las palabras se le congelaron en la garganta.Frente a él, vestido con jeans gastados y una chaqueta de cuero de chofer, estaba su jefe. El mismísimo Kang Min-seok. El socio mayoritario. El hombre más poderoso y temido de la logística del puerto.—Señor... —balbuceó Do-jin, dando un paso atrás con los ojos abiertos de par en par, perdiendo toda la postura ejecutiva—. ¿Señor Kang? ¿Qué... qué está haciendo usted...?Nikolai avanzó un paso rápido, cortándole la distancia a Do-jin antes de que el hombre hablara de más frente a Chae-yeong.—Escúchame bien, oficial —dijo Nikolai con una voz helada que hizo vibrar las paredes de la oficina, mirando a Do-jin con una intensidad que prometía el
—¿Cómo sabes tanto sobre el personal de la firma Kang? —preguntó ella, frunciendo el ceño—. Un chofer de gandolas no suele tener acceso a los protocolos de seguridad del consorcio principal.Nikolai sintió una ligera descarga de adrenalina en la nuca, pero mantuvo el rostro completamente inexpresivo.—Manejo estas rutas desde hace años, señorita Yoon. Si uno no aprende quién cuida cada puerta en este puerto, termina en la cárcel o en el fondo del mar. Además, los choferes hablamos entre nosotros. Sabes dónde están los puntos ciegos si pasas doce horas al día esperando que te carguen el camión.Chae-yeong pareció aceptar la explicación, aunque sus ojos analíticos mantuvieron cierta sospecha.—Bien. El barco que buscamos es el Orient Trader. Según los registros filtrados que logré recuperar antes de que borraran el sistema, ese buque lleva tres contenedores sin sello de origen asignados a la empresa fachada de Seung-hyun. Si logramos fotografiar las guías de embarque físicas que están e
—Eso... eso no prueba nada —balbuceó Seung-hyun, intentando no parecer intimidado frente a su propio detective—. Un chofer de poca monta no tiene los recursos para sostener la vida de un ejecutivo. Mañana mismo la fiscalía revisará tus cuentas bancarias, "Nikolai". Vamos a ver cuántos miles de wones tienes en el banco antes de declarar que eres el sostén legal de la presidenta.—Revisa lo que quieras, muchacho —dicha voz resonó desde el pasillo.La abuela Park apareció en el umbral, acompañada por dos abogados de la sede central y sosteniendo su bastón con fuerza.—Pero si sigues molestando a mi nieta a esta hora de la noche, Seung-hyun, mañana a primera hora convocaré a los medios de comunicación y mostraré los videos de las cámaras de seguridad del Sector B antes de que casualmente se "apagaran" —sentenció la matriarca con una mirada helada—. Ahora, fuera de mi casa antes de que haga que la seguridad privada los saque a patadas.Seung-hyun miró a la abuela, luego a Chae-yeong y fina





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