Mundo ficciónIniciar sesiónNikolai sintió una sacudida interna. La Zona B del puerto era precisamente la terminal privada que él utilizaba para mover sus cargamentos de alta seguridad y los suministros de su propia corporación. Si la familia materna de Chae-yeong estaba metiendo las manos en esa zona, no solo estaban atentando contra la herencia de la chica... estaban interfiriendo directamente con las operaciones secretas de su propio imperio logístico.
El "matrimonio falso" acababa de dejar de ser un simple lío cómico provocado por una abuela astuta.
De pronto, un golpe seco en la puerta principal de la mansión resonó en el primer piso, seguido por el sonido de voces alteradas en el recibidor.
Nikolai se puso de pie al instante, moviéndose hacia la puerta con la fluidez de un depredador que detecta una amenaza.
—Quédate aquí —le ordenó a Chae-yeong con un tono tan dominante y frío que la chica no se atrevió a discutir.
Nikolai abrió la puerta de la habitación justo a tiempo para escuchar la voz arrogante de Han Seung-hyun resonando desde las escaleras del primer piso.
—¡Abran paso! —gritaba Seung-hyun abajo—. Venimos con una orden de inspección preventiva de la junta. Traigo al detective privado de la familia. ¡Queremos ver las pertenencias de ese famoso "esposo chofer" ahora mismo!
Nikolai no dudó ni un segundo. Regresó al interior de la habitación con pasos rápidos pero silenciosos, agarró su bolso de lona militar del sofá y lo lanzó debajo de la cama King size, empujándolo lo suficiente para que quedara oculto tras los faldones de la colcha.
—¿Qué ocurre? —preguntó Chae-yeong, intentando ponerse de pie con dificultad.
—Tu primo vino a jugar a los detectives —respondió Nikolai con voz helada—. Trae a un sabueso privado. Quieren revisar mis cosas para encontrar algo que me vincule a un fraude o para demostrar que esto es un montaje.
Chae-yeong palideció.
—Si revisan tu bolso y encuentran algo sospechoso...
—En ese bolso solo hay ropa usada, una linterna pesada y herramientas de trabajo. Nada que me comprometa —dijo Nikolai, arreglándose el cuello de la camisa—. Pero si ven que solo tengo tres mudas de ropa en una maleta de lona, sabrán que acabo de mudarme hace cinco minutos y que esto es una farsa.
Antes de que Chae-yeong pudiera sugerir algo, la puerta de la habitación se abrió de golpe.
Han Seung-hyun entró como si fuera el dueño del lugar, vestido con un traje ostentoso y con una sonrisa llena de suficiencia. A su lado venía un hombre de mediana edad con abrigo oscuro, libreta en mano y mirada inquisitiva: el detective privado. Dos guardias de seguridad de la corporación se quedaron custodiando el pasillo.
—Vaya, qué conmovedora escena conyugal —se burló Seung-hyun, mirando a la pareja—. Lamento interrumpir la luna de miel, prima, pero la junta directiva no está satisfecha con esa hoja de papel que entregó la abuela. El señor Park, nuestro investigador, necesita validar la autenticidad de la cohabitación.
—Seung-hyun, estás cruzando la línea —intervino Chae-yeong, dando un paso al frente con el rostro lleno de indignación—. Esta es la casa de mi abuela y mi habitación privada. No tienes ningún derecho de irrumpir así.
—Tengo todo el derecho como miembro del comité de auditoría, querida —respondió Seung-hyun con desprecio, haciendo un gesto al detective—. Revisa el armario. Mira si hay pertenencias masculinas reales o si solo trajeron a este tipo para la foto.
El detective avanzó hacia el armario principal.
Nikolai se cruzó de brazos, apoyando el hombro contra el marco de la puerta del baño, observando al investigador con una calma aterradora.
El detective abrió las puertas del enorme armario de caoba. Para sorpresa de Seung-hyun, en el lado derecho del guardarropa colgaban tres chaquetas de cuero pesadas, varios pantalones de trabajo, camisas oscuras perfectamente alineadas y dos pares de botas en el piso. En la mesa de noche, junto a los remedios de Chae-yeong, descansaba un reloj de pulsera resistente y una billetera de cuero gastado.
La abuela Park había preparado la habitación horas antes de que ellos llegaran. La anciana no dejaba ningún cabo suelto.
—Todo parece estar en orden con el guardarropa, señor Han —informó el detective, anotando en su libreta.
La sonrisa de Seung-hyun se borró instantáneamente. Apretó los dientes y comenzó a caminar por la habitación, buscando desesperadamente una falla. Sus ojos cayeron sobre el sofá de terciopelo verde, que todavía tenía las dos cobijas dobladas encima.
—¿Y esto qué es? —preguntó Seung-hyun, señalando el sofá con un tono triunfante—. ¿Tu flamante esposo duerme en el sofá? ¿Acaso no consumaron el matrimonio? ¡Lo sabía! ¡Esto es una mentira!
Chae-yeong se quedó helada sin saber qué responder, pero Nikolai dio un paso al frente, rompiendo el espacio personal de Seung-hyun. La diferencia de estatura y corpulencia hizo que el joven ejecutivo echara la cabeza hacia atrás para sostenerle la mirada.
—Tu prima tiene un brazo fracturado y tres costillas fisuradas por el "accidente" que sufrió en tu terminal —dijo Nikolai con una voz profunda, baja y cargada de una amenaza implícita que erizó los vellos del cuello del detective privado—. Duermo en el sofá porque no voy a incomodarla mientras se recupera de los golpes que unos cobardes le dieron en la oscuridad. ¿Tienes algún problema con que cuide a mi esposa?
Seung-hyun tragó saliva, sintiendo la presión física de Nikolai sobre él. Dio un leve paso hacia atrás.







