Chae-yeong sostuvo la mirada durante unos segundos, sintiendo una extraña electricidad recorriéndole la columna. Había algo en la compostura de ese hombre que infundía un respeto casi instintivo. Suspiró y volvió a recostarse contra el asiento.
—Está bien. Guardaré mis preguntas... por ahora.
Al llegar a la mansión, la casa estaba sumida en la oscuridad, salvo por la tenue luz del recibidor. Subieron en silencio hacia la habitación principal para no despertar a la abuela ni al personal de servi