capitulo 6

—Gracias... y perdón —murmuró Chae-yeong mientras caminaban despacio hacia la entrada de la casa—. Mi abuela puede ser una fuerza de la naturaleza cuando se lo propone. Sé que esto es una pesadilla para ti. Te prometo que en cuanto reestructure la directiva y asegure las acciones de mi padre, te compensaré económicamente por todo este desastre.

Nikolai soltó una leve risa irónica.

—Creame, señorita Yoon, el dinero es lo último que me preocupa en este momento.

«Si supieras que podría comprar este vecindario entero con el saldo de mi cuenta suiza», pensó Nikolai para sus adentros mientras cruzaban el umbral de la mansión.

El interior de la mansión era espacioso y elegante. La abuela Park los guió directamente por el pasillo del segundo piso hasta detenerse frente a una puerta de madera tallada.

—Esta es la habitación principal —anunció la anciana con una sonrisa radiante—. Tiene su propio baño, un balcón hermoso y una cama King size brought de Italia. Aquí se van a quedar los recién casados.

Chae-yeong casi tropieza con su propio bastón.

—¡¿Qué?! ¡Abuela, no! —exclamó la joven, poniéndose roja como un tomate—. Dijiste que se quedaría en la casa, ¡no dijiste nada de compartir habitación! Él es un desconocido... bueno, es mi esposo legal, ¡pero sigue siendo un desconocido!

—¿Y dónde quieres que duerma, muchacha terca? —preguntó la abuela cruzándose de brazos—. ¿En la habitación de huéspedes del fondo? ¿Para que la sirvienta de tu tía Hye-rin, que sé perfectamente que le pasa información, sospeche que el matrimonio es de mentira? Si vamos a jugar este juego, lo jugamos bien. Hay un sofá enorme en esa habitación. El muchacho es grande pero seguro cabe.

Nikolai miró el sofá de terciopelo verde que se veía a través de la puerta abierta. Medía apenas un metro ochenta. Él medía casi uno noventa.

—El sofá estará perfecto, señora Park —dijo Nikolai rápidamente, prefiriendo evitar una discusión de tres horas que terminaría perdiendo de todos modos—. He dormido en cabinas de camión peores que eso.

La abuela le dio dos palmaditas en la mejilla a Nikolai, complacida.

—Ves, Chae-yeong. Aprende de tu esposo, un hombre resuelto y sin mañas. Los dejo para que descansen. A las ocho servimos la cena y no acepto excusas.

La anciana se dio la vuelta y se alejó a pasos rápidos por el pasillo, dejándolos a los dos solos en el corredor.

Una hora después, la habitación estaba en absoluto silencio.

Chae-yeong se había cambiado de ropa con mucha dificultad debido al brazo lesionado, poniéndose un cómodo pantalón de entrenamiento y una camiseta ancha. Estaba sentada en el borde de la cama, mirando cómo Nikolai organizaba sus pocas pertenencias en una esquina del sofá, acomodando dos cobijas gruesas sobre la estructura de terciopelo.

—Ese sofá es demasiado corto para ti —dijo Chae-yeong rompiendo el hielo—. Te van a doler los pies por la mañana.

—He dormido sobre cajas de madera en medio de tormentas en el mar de Japón —respondió Nikolai sin mirarla, ajustando la almohada—. Esto es un hotel de cinco estrellas comparado con mi rutina habitual.

Chae-yeong lo observó detenidamente. Había algo en la forma de hablar de ese hombre que no terminaba de encajar. Tenía la ropa gastada de un chofer de logística, pero sus manos no tenían las marcas de grasa pesada ni el descuido de alguien que solo maneja un camión. Su postura era demasiado recta, sus movimientos demasiado precisos, y la calma con la que reaccionaba ante las amenazas era aterradora.

—Nikolai... —lo llamó ella con voz suave.

Él se giró y la miró.

—¿Por qué te quedaste? —preguntó Chae-yeong directamente, mirándolo a los ojos—. En el vestíbulo del edificio, pudiste haber dicho que mi abuela estaba loca y salir corriendo. Nadie te lo hubiera reprochado. ¿Por qué aceptaste seguirle el juego a mi abuela frente a los directivos?

Nikolai se quedó en silencio por unos segundos. La respuesta real era compleja: parte por rabia contra Seung-hyun, parte por protegerla, y parte porque ahora estaba atrapado en su propia telaraña para evitar que investigaran su identidad como el socio mayoritario.

—Los hombres como tu primo... he tratado con muchos de ellos en los puertos —dijo Nikolai, bajando la voz—. Tipos que nacen con todo resuelto y creen que pueden aplastar a los demás solo porque tienen un apellido importante. Me molesta la injusticia. Además... tu abuela tiene una forma muy peculiar de convencer a la gente.

Una pequeña y genuina sonrisa se dibujó en los labios de Chae-yeong. Era la primera vez que Nikolai la veía sonreír desde que la encontró en el almacén.

—Mi abuela es peligrosa —admitió Chae-yeong soltando una leve risita—. Pero tenía razón en algo: mi padre... él no tuvo un accidente. Sé que mi tía y Seung-hyun pagaron para que cortaran los frenos de su auto el año pasado. Quieren el control total de las terminales de transporte porque están haciendo negocios por debajo de la mesa con contratistas extranjeros. Si ellos toman el control, el trabajo de toda la vida de mi padre se destruirá.

Nikolai frunció el ceño al escuchar eso. ¿Contratistas extranjeros?

—¿Qué clase de contratistas? —preguntó Nikolai, poniéndose serio de inmediato.

—No lo sé con certeza —respondió Chae-yeong, abrazando sus rodillas—. He estado buscando los registros de carga de los últimos tres meses en el sistema central, pero alguien borró las listas de manifiesto de la Zona B. Justo la zona donde me emboscaron anoche.

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