El silencio de su apartamento la golpeó como un portazo en seco. Nada más cerrar la puerta, Sophie apoyó la espalda contra ella, respirando hondo, como si hubiera corrido kilómetros. La madera fría le transmitió un extraño alivio, pero su corazón seguía desbocado, repitiendo el mismo ritmo que había tenido en esa oficina… frente a él.
Sus pasos la llevaron automáticamente hasta la habitación. El espacio, de paredes pálidas y muebles humildes, le pareció más pequeño que nunca. El contraste era b