El silencio se volvió un personaje más en la sala. Las agujas del reloj marcaban las cinco y cinco, pero el tiempo parecía suspendido.
Los tacones de Catalina resonaron con fuerza medida sobre el mármol brillante del salón. Su figura estilizada atravesó el umbral como un suspiro dramático, envuelta en un vestido blanco crema que se adhería a sus curvas como segunda piel. Llevaba gafas oscuras que no tardó en quitarse con lentitud, revelando unos ojos perfectamente delineados… y húmedos. Las lág