La mañana amaneció gris, como si el cielo hubiera decidido acompañar el peso que Ana llevaba en el pecho. Una lluvia fina y constante golpeaba los cristales del dormitorio, dibujando caminos irregulares que se unían y separaban como si compitieran por llegar al marco de la ventana. El sonido, suave, pero persistente, se mezclaba con el eco lejano del tráfico matinal y con un murmullo eléctrico que anunciaba tormenta.
Ana se removió en la cama, sintiendo un malestar que iba más allá del cansanci