Capitulo 110

La luz de la mañana entraba por los ventanales como una cascada cálida, tiñendo de dorado los pasillos amplios de la empresa. Emma caminaba entre Ana Lucía y Maximiliano, sosteniéndoles las manos, con sus zapatillas blancas haciendo pequeños ruiditos sobre el mármol pulido. Tenía una sonrisa ancha, de esas que iluminan más que el sol, y sus ojos saltaban de un lado a otro, como si todo lo que la rodeaba fuera un mundo nuevo por descubrir.

—¡Huele raro aquí! —dijo, frunciendo la naricita.

Ana Lu
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