Nicolás no había dormido. Las imágenes de la casa quemada y el símbolo pintado en la pared seguían resonando en su mente como una constante y oscura advertencia. Las horas pasaban y, mientras el sol comenzaba a salir sobre la ciudad, él seguía sentado en su despacho, rodeado de las fotos y papeles que Iván le había traído la noche anterior.
Cada detalle le gritaba algo que aún no alcanzaba a entender. Esa nueva organización, ese símbolo que nunca había visto antes, le estaba dejando claro que l