La explosión que Nicolás había provocado había desatado una reacción en cadena, una de la cual se nutría su propósito. En los días siguientes, el eco de aquel ataque se propagó por las calles, alcanzando oídos en todas partes. Las sombras comenzaron a moverse en respuesta, y los informes llegaban cada vez con más frecuencia, detallando cambios en los patrones de los enemigos y el pánico que empezaba a cundir entre los miembros menos importantes de la red. Sin embargo, lo que Nicolás ansiaba era