Nicolás regresó a su oficina con la tarjeta aún en el bolsillo, sintiendo su peso como una carga pesada, un recordatorio de la conversación perturbadora en la biblioteca. La opresión en su pecho no desaparecía; esa figura encapuchada había despertado una oscura curiosidad y un malestar que no podía ignorar.
Esa noche, mientras el viento azotaba las ventanas de su despacho, recibió una llamada de un número desconocido. No estaba de ánimo para más misterios, pero algo lo impulsó a contestar.
—¿Va