La ciudad dormía bajo un manto de luces titilantes, pero Nicolás Valverde sentía que apenas podía respirar en ese silencio que le oprimía el pecho. El hotel Mirador había sido escenario de amenazas y promesas en un mismo susurro, y ahora, tras aquella conversación con la mujer desconocida, no podía sacudirse la sensación de que lo estaban acorralando. Todo parecía calculado, como si su propia vida ya no le perteneciera, como si alguien más moviera los hilos de su destino con la frialdad de quie