Bruno
Sus labios aún sabían a fuego.
El beso había sido profundo, lento al principio, como si quisiéramos saborearnos el uno al otro, como si el aire no existiera, como si no hubiera nada más allá de este instante. Pero luego… luego todo se volvió más voraz, más urgente. Cindy tenía ese efecto en mí, esa capacidad de desatar algo dentro de mi pecho que no lograba comprender del todo.
Me tenía jodidamente cautivado.
Me jodía porque me hacía sentir fuera de control.
Cuando finalmente se separó, a