Bruno
Miré el rostro inerte de Fiero, su expresión congelada en una mueca de sorpresa, y luego levanté la vista hacia Rafa.
Él sostuvo mi mirada sin pestañear.
—Este es mi boleto de entrada, Delacroix. Y tengo más que podría interesarte.
Mi mandíbula se tensó.
Porque entendí de inmediato lo que estaba diciendo.
Quería unirse a mí.
—Sé que tienes tus motivos para dudar —volvió hablar—. Pero así están mis cartas, mi hermano tomó sus decisiones y me embarró en su mierda, y ahora sus problemas me s