Bruno
—Eres una provocadora, Cindy —dije, mi voz baja y ronca—. Siempre lo has sido.
Su malditos ojos llevan provocándome desde el primer día, me hizo prisionero de su boca y me volvió adicto a su cuerpo.
Era embriagante, tenía que admitirlo.
Ella trató de empujarme, sus manos contra mi pecho, pero no tenía fuerza real detrás de ese intento. Al contrario, sus dedos se aferraron a mi camisa, como si temiera que me apartara.
—Y ahora... —continué ronco, sujetando sus muñecas con una mano y levant