Paolo y Adrianna, habían salido al pueblo, nuevamente vivieron nuevas aventuras en cada lugar que conocieron. Ya muy entrada la noche regresaron a la cabaña que era más que eso. Era su nido de amor.dknde volvieron a entregarse en cuerpo y alma. Y reafirmando la promesa de un amor para siempre.
El amanecer los sorprendió aún entrelazados. Los rayos del sol se colaban por la ventana, iluminando sus cuerpos, que descansaban envueltos en la sedosa sábana..
Adrianna despertó lentamente, abriendo los