Adrianna y Paolo se sentían acalorados, habían recorrido todo el pueblo, habían probado las comidas tradicionales del lugar y hasta se habían vestido con los trajes típicos de la región, todo eso ll llevaban trabado en su camara y en sus recuerdos.
Paolo abrazó a Adrianna por la espalda y besó su cuello.
—Gracias por este día tan maravilloso. —dijo ella girándose para quedar frente a él.
—Gracias a ti por compartirlo conmigo. Este día… es uno de los más felices de mi vida. —respondió Paolo, aca