El sol aún no terminaba de salir cuando el portón principal de la mansión Lanús se abrió lentamente, dejando ver el auto oscuro que venía avanzando por el camino de piedra. El silencio de la mañana fue quebrado por el crujir de las llantas sobre la grava. Adrianna, aún estaba recostada en la cama junto a sus hijos.
—¿Cómo te fue en el viaje madre? —preguntó Enzo.
—Mis niños, fue un viaje maravilloso. El próximo lo haremos todos jj yos como familia. ¿Les parece?
—¿Ya tendremos un papá? —pregunt