capitulo 24

Mientras tanto, en la residencia Marccetti, Lucrecia se despertó con el rostro húmedo, no sabía si por el sudor, las lágrimas o ambos. Se incorporó en la cama y miró a su alrededor. La habitación tenía las cortinas entreabiertas y la luz del don de filtraba entre ellas tímidamente.

Recordó la pesadilla con nitidez, pero también la presencia protectora de su tío. Paolo siempre había sido un pilar en su vida, y ahora más que nunca necesitaba de él. Se levantó y caminó hacia la ventana. A lo lejos
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