Lía
La noche nunca fue amiga de la tranquilidad cuando los secretos del bosque comenzaban a despertar. Mientras la luna giraba lenta y orgullosa sobre el cielo, yo estaba despierta, mirando a través del cristal de la ventana de nuestra pequeña cabaña, donde los susurros parecían cobrar vida propia. Esa sensación de que el viento no era solo viento, que las hojas no solo caían, sino que hablaban, me tenía en vela.
Los niños dormían, o al menos eso creía, pero sus respiraciones eran agitados, sus