El amanecer se filtraba entre las cortinas de la habitación donde Lía había pasado la noche en vela. Sus ojos ardían, pero no tanto como la preocupación que le carcomía el pecho. A su lado, Ethan dormía inquieto, su pequeño cuerpo agitándose mientras gemidos ahogados escapaban de sus labios. La marca en forma de media luna en su hombro derecho brillaba con un tono rojizo inusual, como si estuviera ardiendo desde dentro.
—Tranquilo, mi amor —susurró Lía, pasando un paño húmedo por la frente del