Un Alfa descontrolado por el dolor y los celos.
El rugido del Alfa Petya se escuchó en el despacho. El beta bajo las orejas, aunque su Alfa fuera el menor de los hermanos Salvatore, no por eso era menos peligroso.
— Está bien, lo siento, pero lo que dije lo sostengo, puede que tú luna este en peligro y tú aquí pensando lo peor de ella. Saldré a buscarla de inmediato, roguemos a la diosa luna que se encuentre bien.
Giorgio salió con unos guerreros a recorrer la ciudad, Petya estaba demasiado rabioso por lo que había escuchado, no estab