El viento del bosque movía las ramas de los árboles, creando sombras inquietantes bajo la luz de la luna.
Desde la ventana del segundo piso, podía ver la oscuridad que rodeaba la mansión. El guardia seguía señalando hacia los árboles.
—Lo vi moverse —dijo—. Está allí.
Nikolai no dudó.
—Prepárense.
Su voz era firme, segura. Como si esta situación fuera exactamente el tipo de cosa que había estado esperando.
—Dos hombres conmigo —ordenó—. Los demás rodeen el perímetro.
Los guardias comenzaron a m