El motor del auto rugía mientras nos alejábamos de la escena.
Las luces de la ciudad pasaban rápidas frente a nosotros, difuminándose como si nada de lo que acababa de ocurrir fuera real.
Pero lo era.
Demasiado real.
Mi respiración aún estaba agitada. Mis manos temblaban ligeramente sobre mis piernas, y el sonido de los disparos seguía repitiéndose en mi cabeza.
Nikolai no decía nada.
Tenía ambas manos firmes en el volante, la mirada fija en la carretera, pero su expresión era dura. Tensa.
Cont