El sonido del vidrio rompiéndose volvió a escucharse.
Esta vez más fuerte.
Más cerca.
Todos los hombres levantaron sus armas inmediatamente. El jardín que segundos antes estaba lleno de murmullos ahora estaba completamente en silencio.
—Entraron —repitió Nikolai con voz baja.
Pero su tono no mostraba miedo.
Mostraba algo mucho peor.
Determinación.
—Dos hombres conmigo —ordenó—. El resto cubran las entradas.
Los guardias se movieron rápidamente, acostumbrados a obedecer sus órdenes sin cuestiona