La oficina de Nikolai se sentía más pequeña que nunca.
El aire era pesado.
Silencioso.
El teléfono seguía sobre el escritorio, pero la llamada ya había terminado. Adrián había colgado después de decir sus últimas palabras, dejándonos solos con una verdad que parecía imposible de aceptar.
Caminé lentamente por la habitación.
Mi mente estaba llena de preguntas.
Demasiadas.
—Eso no puede ser real —dije finalmente.
Nikolai no respondió de inmediato.
Estaba frente al escritorio, observando la bala c