La palabra quedó suspendida en el aire.
“Adrián.”
Durante un segundo nadie habló.
Nikolai observó al guardia con una intensidad que hacía que la habitación pareciera más fría.
—¿Dónde? —preguntó finalmente.
—En el centro de la ciudad —respondió el hombre—. Uno de nuestros informantes lo vio entrar a un hotel hace unas horas.
Nikolai frunció el ceño.
—¿Estás seguro?
—Completamente seguro, señor.
El silencio volvió a llenar la oficina.
Sentí un nudo en el estómago.
Después de todo lo que había pa