Dante mantenía el arma firme, y el cañón presionado contra Elara con frialdad, mientras la luz de la estancia proyectaba sombras sobre las paredes llenas de expedientes y fotos.
— No tengo socias que roban llaves mientras duermo — repitió él. Elara no retrocedió, al contrario, sostuvo su mirada.
— Buscaba la prueba de que vas a venderme a tu padre — mintió ella, necesitaba que él creyera que su único motor era la supervivencia.
Dante bajó el arma lentamente, pero seguía escaneándola como si bus