El flash de las cámaras en la ópera de Milán era una ráfaga de disparos que cegaba a Elara, Dante le rodeó la cintura con el brazo, apretándola contra su costado con una fuerza que le impedía respirar.
— Sonríe, Lyra, el mundo necesita ver lo mucho que me adoras antes de que el fiscal nos ponga las esposas — murmuró Dante al oído de ella, su aliento rozaba su piel y le provocaba un escalofrío.
Elara se obligó a inclinar la cabeza sobre su hombro, sintiendo el tejido del esmoquin y el latido rít