Mundo ficciónIniciar sesiónEl interior del sedán plateado olía a cuero caro y a una sofisticación que cortaba el aliento. Elara se hundió en el asiento, con la piel erizada. A su lado, Sofía se quitó las gafas de sol, revelando una mirada que ya no era la de la hacker sumisa, sino la de una mujer que había aprendido a comer fuego.
— ¿Quién eres? — logró decir Elara. Su voz vibró con un resentimiento que le quemaba la gargant







