Elara cruzó el vestíbulo con la urgencia de quien lleva una granada en la mano. Lorenzo la detuvo cerca de la salida, ajustándose la corbata con un nerviosismo que antes ella habría confundido con lealtad.
— ¿A dónde vas tan tarde? — preguntó él, bajando la voz — Dante está en el ala norte con su padre. Si sales ahora, tendré que inventar una buena excusa.
— Dile que necesito aire, Lorenzo — respondió Elara, clavando sus ojos en los de él con una frialdad nueva — O dile la verdad que sueles con