Martín mantuvo una mano en el volante, con el rostro tranquilo, aunque el aire entre ambos era espeso, cargado de una tensión que ninguno sabía cómo nombrar. Quizá era la repentina enfermedad de Larissa, que claramente era falsa.
Tan falsa como decir que el hijo de Clara era hijo de Miguel.
—Si algún día necesitas fingir un matrimonio con alguien… —dijo de pronto, con una serenidad que no coincidía con la seriedad de sus palabras—, dímelo. No tendría problema en ayudarte, Sofía. Y, esta vez, no